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EL MARTIRIO SICOLÓGICO DE UN SECUESTRO

03nov secuestroLa mayoría de la gente trata de ni siquiera pensar en una situación así pero en la actualidad y realidad que se vive en México, cada vez es más frecuente saber de personas cercanas, amigos y familiares que están sufriendo o sufrieron un delito así.
Las penas por secuestro son más graves que por homicidio, pero desde el punto de vista sicológico secuestran a toda la familia, no solo a la víctima.
Las primeras horas de incertidumbre
Si la víctima fue llevada sin que nadie se diera cuenta, las primeras horas serán de una incertidumbre total, de no saber que paso con la víctima, si sufrió un accidente si está hospitalizada, presa, muerta, viva, los nervios colapsan, se especula mucho, se imaginan miles de situaciones distintas, comienza la búsqueda desesperada por localizar a quien no llega, sin saber más nada.
Si alguien se percató del secuestro o del levantón comienza la disyuntiva de dar aviso a las autoridades de inmediato o esperar a que se comuniquen los secuestradores para tratar de cooperar con tal de que su familiar regrese con bien, la disyuntiva se da principalmente por la falta de credibilidad en las autoridades por el abuso de los funcionarios que ven en este acto también la oportunidad de llevarse una tajada del pastel, o porque para algunos simplemente no les importa.
Aún así alguien de la familia debe tomar el papel, hacerse el fuerte y responsabilizarse por hacer frente a la situación, todo el peso de la responsabilidad recae en él o ella.
Trámites burocráticos
Cuando se acude a las autoridades nos topamos de entrada con el trámite burocrático, de que no te quieren recibir la denuncia, unos porque consideran que no son competentes y envían a las personas con su desesperación a la oficina de alto impacto que puede estar al otro lado de la ciudad y no se preguntan siquiera si tienen como transportarse, otros porque no se quieren involucrar (aunque sea su trabajo) por miedo a que puedan ser víctimas de represalias por los propios secuestradores.
Cuando por fin te reciben la denuncia lo primero que te solicitan es que “no hagas nada”, la impotencia total, no puedes recurrir a despachos jurídicos, no puedes recurrir a negociadores externos, no puedes comentar nada con la familia, no debes hablar con nadie y no puedes confiar en nadie porque lo primero de lo que te acusan es que se trata de un autosecuestro.
Por increíble que parezca las autoridades te acusan primero a ti, por ir a solicitar auxilio, como el primer sospechoso de un autosecuestro.
Terror absoluto
No basta que el o los secuestradores se comuniquen contigo y te quieran infundir terror de que le van a hacer lo peor a la víctima, la propia policía te comienza decir que no quieren espantarte pero que tu familiar ya debe estar muerto, que tu familiar ya pudo ser mutilado, comenzando a infundirte mayor miedo y a sacarte información sobre cuanto más puedes pagar adicional a la solicitud de los secuestradores que por lo regular son cantidades exageradamente altas.
La víctima por su parte está sufriendo en carne propia la severidad del terror, la especulación y la incertidumbre sobre su vida, no sabe si cooperar para que no le hagan daño, tratar de escapar aunque lo maten, enfrentarse aunque obtenga los mismos resultados adversos, si gritar y pedir auxilio o apelar al lado humano de los secuestradores.
Averiguar la identidad de los secuestradores es un arma de dos filos, pues puede ocurrir que al saberlo tu vida ya no valga nada debido a que se trata de un conocido (amigo, trabajador o familiar que fue quien proporcionó la información) o que de verdad no identifiques a nadie y que tampoco les importaría causar daño a un desconocido.
El pago del rescate
La gente trata de cumplir con la cantidad a pagar, aun a pesar de solicitar dinero prestado deshacerse de sus pertenencias a bajo precio por la premura y sin la seguridad de que los secuestradores vayan a cumplir con su palabra de liberar a la víctima.
Si intervino la policía judicial, aunque se pague, se efectúe el rescate o la liberación es casi un hecho de que el dinero o gran parte de él va a desaparecer, y nadie “sabrá” que pasó con él.
La policía judicial siempre va a solicitar que no intervengan negociadores externos, para no “entorpecer las negociaciones” pero la desesperación es porque los ves que no se mueven, que les informas de que se está ocupando el celular de la víctima para comunicarse o por medio de mesajes de texto y whats app y no hacen el intento de localizar los teléfonos que tienen GPS integrado (así sucede en Puebla), los acompañas a realizar el pago y lo único que sabes es que el propio judicial te dice donde dejes el dinero y nada más, y que te regreses a tu casa en total estado de incertidumbre.
Recuperación de la Víctima
En el mejor de los casos la víctima es liberada y en buen estado, en el peor de los casos a pesar de que realizaste el pago no vuelves a saber nada ni de los secuestradores ni de la víctima, no es recuperado el cuerpo ni vivo ni muerto.
Entre esos dos extremos existe una variedad enorme de circunstancias, en algunos casos donde la víctima es liberada tendrá aún que batallar con el trauma de la experiencia vivida por la víctima propiamente y por la familia, porque las cicatrices mentales llegan a ser tan profundas que no se recuperan del todo, nunca, en otros se puede llegar a sobreponer al asunto pero siempre se modificarán hábitos de seguridad y se vivirá con cierto temor a que suceda algo similar.
La terapia sicológica se vuelve primordial, las ganas de vivir y sobreponerse de todos los integrantes de la familia y el apoyo mutuo son la clave para salir adelante.
La desconfianza en las autoridades y cuerpos policíacos termina siendo aún mayor, y con una frustración enorme cuando ves que los secuestradores quedan libres por una falta de metodología de las autoridades o porque le violaron los derechos humanos al victimario, es decir al delincuente, al secuestrador que ante la comisión de derechos humanos aparece como víctima de la policía.
Nada se puede comparar con el tiempo en que la víctima se encuentra privada de su libertad con los ojos vendados, amarrada, sin saber si es de día o de noche, perdiendo la noción del tiempo, exaltando su imaginación al máximo, especulando por cada ruido, voz, palabra o percepción que tenga con cualquiera de sus sentidos y con la incertidumbre de si serán sus últimas horas de vida, recordando que fue lo último que le dijo a cada uno de sus seres queridos y con la sensación de que pudo haber dicho o hecho algo mejor para despedirse, los golpes, las mutilaciones, los insultos, los abusos sexuales, el hambre, las ganas de ir al baño, solo agravan la situación.
Aún con la liberación, el proceso de recuperación es lento, lleno de altibajos y sobresaltos, pesadillas, temor constante, aferrarse a algo positivo, el amor, la fe, la esperanza, puede ser un aliciente y un impulso para una más pronta recuperación.

Por: Jurídico Rama Abogados S.C.

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